Víctor Mesa 32, el gurú del béisbol cubano, se le odia o se le quiere

 

Víctor Mesa, el legendario ex jardinero central del equipo de Villa Clara y del equipo Cuba del béisbol revolucionario, devenido en director de la novena que jugó en sus años mozos. Y hoy es el director del otrora trabuco henequeneros, léase, rector del lastre del equipo de Matanzas que juega en la liga Occidental cubana.

Mesa, jugó con furia en la era de mozo, fue el tipo de esa era que más se robó el plato y sus directores confiaron en él, de poner en movimiento la controvertida jugada de exquisplay del juego de las bolas y los extraes.

En al Serie de béisbol 51/2011-2012, dirige la novena matancera que hace más de una década se ocupó del frío sótano, en ese lapso nunca vio el sol del certamen beisbolero. El tedio y la desesperanza colmaron la apatía de una fanaticada acostumbrada a la sima de una novena triunfadora. Mesa, invadió el territorio del henequén y de los cocodrilos, tal vez,  para recuperar la honrilla de la Liga de Betancourt, la liga más fuerte del béisbol  Doble A que existía en Cuba en la era republicana.

En el primer tercio de la 51, se montaron en el primer lugar de la Liga Occidental,  pisándole los talones los leones de la capita, el equipo Industriales, la novena que posee la mecánica más eficaz de la pelota cubana, precisamente Industriales, en la víspera del segundo tercio le ganó en la propia casa la serie particular y después el equipo cayó en un bache que sólo ha ganado tres de los doce juegos efigies.

Mesa, al aceptar dirigir se mudó a la ciudad Atenas, se ocupó como viven y eventos que afectaban los hogares de sus discípulos, y logró algunos mininos con la anuencia de las autoridades matancera e impuso la disciplina, incluso a estelares como a Garlobo. Y ha incentivado entre sus pasantes que el objetivo supremo es clasificar, una acción arto difícil porque precisamente es la liga más fuerte y se encuentran trabucos como: Industriales, Cienfuegos, Santi Espíritus y Pinar del Río, campeón de la serie 50. Y para eso cuenta con spot beisbolero-psicológico, que gritan al despertar: ¡Clasificar!

Aunque, los pasantes viven en un amaño de estrés perenne ya que su director le arremete por un simple error o un jonrón que le den al lanzador y tal vez, lo que fue al principio fue un indicad para jugar, hoy es un estorbo psicológico en síndrome espanto.

Mientras, si es el director de más resultado estable: ¿por qué no ha sido designado director del equipo Cuba? Los dirigentes dejan caer en fase de quinta columna, que es causa de su carácter controvertido y explosivo.

Sin embargo, la fanticada reflexiona y al propio tiempo se responde, y dice: “ya que el número 32 no aceptaría ser dirigido desde un paraje de circuito cero y culto a la personalidad de médicos y comisionados”.

Ojéese: demagogia, culto a la personalidad, ¡ah y un cantinflesco juego pelotero!

Y así están las cosas en Cuba, el director más importunado y tal vez el más querido por la fanaticada cubana, para ¡clasificar!, debe de dejar de abrumar a sus discípulos anfibios, y si aspira ser director del equipo grande, se obliga tributar un celular a su macuto y  ligarlo a los lineamientos de la revolución y sobre al partido único.

 

 

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